Amargo No hay más que decir, Roberta. Las palabras entre tú y yo son un destilado acerbo y nada embriagador. Nacen desesperadas, duelen en los labios, ensucian el aire. Llévate todo: el auto, el equipo de sonido, tus olores, los sartenes antiadherentes, las ilusiones compradas a crédito y también las que pagamos al cash. Quédate con el perro y yo con el gato; me entiendo mejor con ese peludo que hace lo que le viene en gana y sabe mejor que tú y yo cómo ser libre. Llévate las dos reproducciones de Van Gogh qu...