Querida Amelia: Me atrevo a enviarle esta misiva porque no suelo ser hombre que deje a medias lo empezado. Mi padre, quien espero haya encontrado un cielo lleno de pastos verdes y aguas claras ahora que murió, me instruyó al respecto con fervor y fuetazos como en los tiempos buenos se acostumbraba. No quiero darle vueltas al asunto, y mire que se me da hacerlo, por eso no logré antes encontrar una dama parecida a usted para mi compañía, pues este vicio de hablar y poner en las íes más puntos de los necesarios m...