A mi mamá le molestaba que le dijera tía a la tía Aurelia. Al principio no entendía el porqué. Si la madre de mi madre era prima hermana del padre de Aurelia, entonces ellas dos eran primas y yo debía decirle tía; así razonaba mi cerebro púber. Pero no, mi santa señora se avergonzaba de su prima y evitaba a toda costa que hablara de lo bien que me caía. Y cómo no iba a gustarme su carácter si sacaba chispas, alegraba las calles por las que pasaba y me producía una curiosidad extraña en el vientre al ver el...