La tarde es como tanto les gusta: nublada, fresca, con un tendido de nubes denso que no les permite jugar a encontrar figuras en ellas. Hoy la ven en silencio caer rumbo a las sombras, cada uno desde su mecedora, su libro y su café. Él abandonó la lectura desde hace buen rato y se concentra en la lluvia de nostalgias que sus ojos ven caer. De pronto, toma la mano de su compañera y reclama su mirada con la suya, repentinamente mojada. Sigue un silencio largo, horadado por una flecha de melancolía. Enseguida...