Uno no sabe por qué la vida te ofrece un asiento privilegiado en la butaquería de su teatro sin haber hecho los méritos suficientes. He guardado muchos años esto que voy a contarles, pero a mi edad y en mi actual condición de salud considero necesario hacerlo, como una forma de limpiar pequeñas cloacas que se enquistan dentro, yo, quien era un ganapán a toda regla y ahora como perdices estofadas con cerveza. Aquello comenzó hace mucho; espero, por eso, no diluir ficción dentro de las verdades que como tales aú...